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Apr
7th
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Nonsense (de Julio Segura, 2004)

Casio me dijo que eran las cuatro en punto cuando el tren numero doce con destino Venecia enfilaba una turbia borrasca sobre la ciudad de Neón. Abajo, a miles de metros bajo nuestros pies, sus gentes despertaban de un letargo de cientos de años para emigrar hacia el monte Fuji y rendir tributo a Baphomet.

Una gran bandada de emperadores nos adelantaba progresivamente por nuestra derecha, cuando el tren, retorciendose como una enorme y humeante anguila de metal, volcó sobre su costado izquierdo. Los vagones de cola salieron disparados, arrollando a algunos pingüinos rezagados y haciendo que la gente reventase contra los cristales o saliese disparada hacia fuera por los que estaban rotos.

Yo me alcé sobre las cabezas de mis congéneres y pisando sobre ellas me encaramé al techo a la par que éste se convertía en suelo. Era el caos absoluto: sangre, fuego, humo, gritos de desesperación y olor a carne quemada. Logré salir al exterior y aterrorizado, saltar al vacio al tiempo que el tren se incrustaba contra un satélite palestino en obras que orbitaba alrededor del planeta, estallando en mil pedazos que darían a parar a algún océano abandonado.

Tras caer durante una eterna puesta de sol, me desperté en una vasta porción de tierra donde no se veía el horizonte, un jodido prado tupido de azul hasta donde alcanzaba la vista. Magullado y aturdido permanecí largo rato tumbado, cuando una gutural voz me hizo incorporarme. A no más de diez segundos a mi derecha vi un Señor Panda, que me miró con indiferencia cuando comencé a acercarme a él.

- Disculpe, amigo, ¿donde estoy? -le pregunté. El Señor Panda me lanzó una escrutadora mirada y dijo en un susurro:

- Estás, sin lugar a dudas, en el comienzo de tu aventura.